Cinco preguntas previas que debes hacer a tus posibles nuevos inquilinos

Ser arrendador siempre ha sido una actividad de riesgo en cualquier lugar del mundo.
Los problemas que puedes enfrentar son muy variados como morosos profesionales que dejan de pagarte la renta y los suministros, ruidosos y molestos con los vecinos, falta de conservación y desperfectos en la vivienda, etc. Y creeme cuanto te digo que, nunca mejor dicho, vale más prevenir que curar.


El inquilino perfecto no existe pero si puedes encontrar a alguien que te ofrezca solvencia económica y afinidad en el trato. Conseguirlo es muy complicado porque en gran parte dependerá de tu percepción subjetiva.
Por eso, y por encima de todo, no tengas prisa en tomar la decisión. Tómate el tiempo que sea necesario para conocer lo máximo posible a tu futuro inquilino.

Cuando publiques tu vivienda seguramente recibirás llamadas interesadas en visitarla, pero atenderlas todas te consumirá más tiempo y esfuerzo del que dispones. Por eso una buena idea es hacer una criba inicial que te permita dedicar tu preciado tiempo con aquellos perfiles que realmente te interesan. Para eso te propongo una serie de preguntas básicas para hacerle a los contactos que te llamen.

1. ¿Para quién es la vivienda? o ¿Cuántas personas vivirán en el piso?
Parece una pregunta con respuesta obvia pero te sorprenderá cuantas madres llaman en nombre de sus hijos, o hijos que llaman en nombre de sus padres. Siempre te conviene hablar directamente con quien será el inquilino ya que en caso contrario tendrás que repetirte sin necesidad.
Además, entérate de cuántas personas vivirán en el piso y qué relación tienen entre ellos. Porque no es lo mismo alquilar a una familia que a compañeros que comparten la vivienda. Más personas simplemente significan más desgaste.

2. ¿Por qué te mudas?
De principio parece un asunto que no te incumbe. Sin embargo, la respuesta puede proporcionarte información útil o alguna señal de alerta. Mantente alejado de inquilinos que se mudan por un desalojo o mala relación con su casero actual. Atento con inquilinos que se quejan mucho de su situación actual. En su lugar, te interesan motivos legítimos como necesitar un lugar más amplio o cambio de ciudad por trabajo.

3. ¿Cuándo planeas mudarte?
Esta pregunta es importante porque siempre debes huir de las prisas. Si un inquilino te responde que "mañana", "la semana que viene" o "cuanto antes" parece un mal plan.
Las personas serias y formales planifican una mudanza con antelación. De hecho, la Ley de Arrendamientos requiere avisar con al menos 30 días de antelación a su casero actual de que deja la vivienda.

4. ¿A qué te dedicas?
Lo ideal en este caso es asegurarte de que tu futuro inquilino tiene ingresos del triple de la renta de alquiler. Son matemáticas simples, tienes que saber si puede asumir la renta de alquiler y demás gastos. Ten en cuenta que esta información, en principio, es solo orientativa ya que el interesado puede tener otro tipo de deudas que no conoces. Por eso es interesante hacer un estudio de solvencia y crédito en una etapa posterior del proceso de selección.

Como complemento puedes preguntar también si dispone del dinero para entregar la fianza y la primera mensualidad de alquiler. Ten cuidado con aquellas personas que te pidan entregar la finza o algún otro importe más adelante o en varios plazos.
También es importante conocer la estabilidad de dichos ingresos. Pero ese será un tema para otra publicación.

5. ¿Estás dispuesto a someterte a un estudio de solvencia?
Deja claro al interesado que más adelante le pedirás que demuestre la información que te está proporcionando.
Podrás pedir documentación identificativa y laboral como nóminas, vida laboral,etc., para realizar el estudio de solvencia. Esto hará que muchos interesados se auto descarten sabiendo que no pueden cumplir las condiciones.



5+1. Pregunta de bonus: ¿Tienes mascotas?
Si no admites animales en tu vivienda es bueno dejarlo claro de principio ya que puedes descartarlo sin necesidad de visitarlo.

Más ideas para la preselección.
Puedes plantearte la posibilidad de cobrar un precio simbólico por visitar la vivienda o para resolver el estudio de solvencia. Esta medida disuadirá a cualquier curioso que no tiene un interés real.

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